La felicidad es efímera según el payaso triste

A bordo de un avión miro por la ventana, elegí uno de los vuelos baratos de una página de internet para mezclarme entre todo tipo de gente. De mi lado izquierdo está la ventana, me gusta admirar las formas de las nubes y como un niño pequeño decidir si es un bebé o un elefante, quizá sea un elefante bebé. Del otro lado un joven escucha música, mi curiosidad me obliga a ver el celular y escucha Remember Yesterday de Skid Row, una gran canción. Levanto la vista y escaneo a los pasajeros que me acompañan. Una señora con sus hijos que no cesa de molestarse unos con otros, un fotógrafo con su cámara colgada del cuello, una pareja de adultos mayores y ahí está él, un payaso.

El hombre apenas comenzaba a maquillarse, como si en cuanto tocáramos tierra en el bello estado de Nuevo León tuviera que correr a dar un show muy importante y no podía perder tiempo. Delineó una boca arqueada hacia arriba, formando una gran sonrisa que después pintaría de rojo o algún color gracioso, pero está gran mueca contrastaba con su verdadera boca, que estaba caída, las comisuras eran el principio y final de su tristeza. Así es la vida de un ser que se encarga de dar alegría al mundo, la prueba fiel de que la felicidad es efímera, es una estrella fugaz que pasa y nos ilumina el día, pero que al final se termina cuando aquel payaso decide quitarse la pintura del rostro.

Sale a dar su show haciendo una voz aguda y graciosa, interactúa con los asistentes provocándoles cierta vergüenza pero lo disimulan con risitas, hace concursos y regala globos. Termina cansado, con ganas de ir a recostarse y ponerle fin a su día. Se dirige al baño y abre la llave del agua, utiliza sus manos como un jarro y el líquido que se acumula lo arroja a su rostro, tan fuerte como si fuera un castigo para su cara y la pintura comienza a correrse. Como el rímel de una mujer que llora, primero se ve tétrico y después poco a poco se va desvaneciendo. Ya no hay sonrisa, donde se encontraba hay unos labios de carne y hueso en dirección contraria. Ya no hay arco hacia arriba, ahora el señalan al suelo, donde están los sueños y anhelos de aquel hombre triste que debe fingir alegría para el mundo, cuando su alma es gris.

Así es la felicidad en la vida del hombre, se divide en pequeños espacios de tiempo que no duran para siempre, un día de carcajadas es como el Cometa Halley, sólo sucede cada cierto tiempo y hay que esperar al siguiente para volver a sentir ese dolor de estómago producto del esfuerzo y las convulsiones que dan cuando sale a borbotones la risa. Pero todo se termina, como la vida de todo ser vivo, la felicidad se apaga y todo se vuelve oscuridad, quizá por eso nos enseñaron a que esos momentos deben guardarse en nuestra mente y corazón para recordarlos y saber que somos capaces de ser felices, aunque sea por un rato.

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